LA TRADICION LITERARIA

Nombre: aldonza
Ubicación: d.f, mexico, Mexico

Joven de 22 años estudiante de comunicación y periodismo en la FES Aragón.

miércoles, febrero 07, 2007

Texto extraido de la revista emeequis. espero que les guste.


Kapu y sus pies pequeños
Por Alejandro Almazán

En el avión hacia Caracas, Venezuela, la cavilación fue más profunda: ¿Cómo era Ryszard Kazimierz Kapuscinski?Algunas veces había intentado encajar sus textos con esa fotografía que aparece en todas las solapas de los libros traducidos de Kapu –como permitiría que le llamáramos. Pero siempre resultó inútil: en la imagen, mirando fijamente el obturador de la cámara, se mostraba a un hombre con un armazón de huesos bien distribuidos, una mediana calva peinada con meticulosidad y unos ojos centellantes. Una catadura de superstar.Sin duda ese no era el Kapu atrapado en el Congo en 1960, allá en el fin del mundo, bastante convencido de que lo iban a matar las bayonetas de la guerra. Tampoco era ese reportero que, aunque había venido del frío de Polonia, un día en Rusia se vio extraviado y caminó y caminó para no morir en una montaña de hielo. Tampoco el hombre solitario atrincherado en un hotel de Teherán, mientras intentaba comprender con notas y fotos la caída del sha de Irán. Y mucho menos se parecía a ese Kapu sumergido en el continente africano.Imaginé que cuando no andaba tentando a la muerte, se metía en un traje y gozaba de su buena fama. Lo supuse como uno de esos personajes inalcanzables. Así debía ser el reportero más grande, como lo bautizaron otros grandes. El enviado de Dios, como lo llamó… Así debía ser El rey del creative non fiction, aparatoso nombre en el que nunca creyó.Aterricé en Caracas.En el restaurante del hotel ubicado en el barrio antichavista de Altamira empecé a picar algo de carne cuando lo vi entrar con una camisa blanca sin mangas, unos pantalones que parecían negros pero eran azules y unos zapatos de agujeta tipo escolar.–Alejandro, ¿ya conoces a Ricardo? –me dijo Jaime Abello, el director ejecutivo de la Fundación Iberoamericana de Nuevo Periodismo, la razón por la que yo estaba ahí: Kapuscinski daría un curso a distintos reporteros latinoamericanos. Había viajado de Varsovia a Caracas con laringitis, pero no le importaba. No quería quedarle mal al alma de la fundación: Gabriel García Márquez, de signo piscis igual que el polaco.Abracé su mano venosa. Venía de andar por las librerías de Caracas, hurgando algunos textos que le ayudaran para su siguiente libro sobre América Latina.Sus ojos me atraparon. Centelleaban, escudriñaban como lo hacen los tipos duros de seguridad en los aeropuertos gringos. Ahí supe que a pesar de su edad, entonces tendría 72 años, Kapu seguía observando al mundo con los ojos de un niño: con asombro.Después me atrajeron sus pies. Un hombre que había recorrido el mundo no podía tener un pie tan pequeño. Se lo pregunté en la entrevista que le hicimos al final del taller. Sólo sonrió y me sentí un imbécil por desperdiciar el turno en algo tan superficial.La poca cabellera blanca que se aferraba a la cabeza venía desparpajada y su cara redonda, igual que la de su paisano Juan Pablo II, estaba algo rojiza.–¿Piensa hacer algo sobre Hugo Chávez? –curiosee casi al terminar de comer. En Venezuela se vivían días más inciertos que los de ahora; el país venía de un golpe de Estado.–Cuando voy a un lugar me gusta estar muchos meses, por lo menos nueve, para tener una mínima idea de lo que allí ocurre. Me uno a su gente, hago lo que ellos, observo –y por eso no dio declaraciones sobre lo que ocurría en Venezuela, más bien preguntó. Preguntó mucho a los colegas venezolanos.Volví a verlo hasta el día siguiente, en la primera jornada del taller. Se dedicó a escucharnos, a identificar nuestros rostros. Su amor a América Latina no era una fanfarronada. Nos oyó con la mano derecha empuñada sobre su boca, su gesto de costumbre cuando escucha.A la hora del almuerzo, iba con su andar de oso, lento y oscilante. En ese vagabundear era mimado por los asistentes, como hacen los nietos con su abuelo preferido. Ordenó una cerveza fría. Una colega venezolana, Tamoa, le hizo notar sobre su laringitis. “Es lo que hay que tomar en Venezuela”, se justificó y luego dijo que no visitaba ese país desde los años ochenta, cuando dictó un seminario sobre África.Las horas siguientes de aquel lunes nos habló de los cinco sentidos del periodista: estar, ver, escuchar, compartir y pensar. Por la noche se nos perdió. El día siguiente del taller lo recuerdo muy bien: 27 de abril de 2004. Nos hizo ver que la gente buena sí existe. Y Kapu era una de ellas.No tenía un solo gramo de vanidad. Él se abrió el camino sin fingir ser un divo, sin tufos de altivez. Lo hizo gracias a su honestidad, a su ética, a su audacia, a su sentido de la verdad, a su frugalidad y a su curiosidad sin límite. La primera reacción al conocer la noticia de su muerte fue pensar: ¿por qué no se mueren los malos? Ahora reviso mi block de notas del taller. Hojas y hojas están garrapateadas con sus ideas:* El periodismo no puede ser ejercido correctamente por alguien que sea un cínico. El cinismo es inhumano. He conocido a centenares de periodistas maravillosos y ninguno era un cínico, eran personas muy humanas. (Kapu era un ser humano).* Me siento culpable cuando no escribo.* Sigo considerándome un periodista. Y cuando me pongo a escribir no me pregunto si será un cuento, un ensayo o un reportaje. Yo sólo quiero escribir bien.* La revolución de los medios ha permitido transmitir la noticia de manera fácil e inmediata. La noticia se convirtió en un gran negocio. Eso creó una brecha entre los dueños y los periodistas.* Actualmente el poder está en manos de quien posea un estudio de televisión, un diario o una estación de radio. Y a medida de que su negocio se hace más grande, los medios se encierran en una vida propia y desvinculada de la realidad.* El hombre sabe que no tiene influencia sobre las cosas grandes, se limita a las pequeñas porque cree dominarlas, pero esa tendencia restringe al pensamiento. Y eso es un símbolo de nuestra incapacidad para comprender el mundo en el que vivimos.* Todo lo que escribo está precedido de enormes lecturas. (Para El emperador, nos contó que había leído más de 400 libros).* Nunca escribo nada que no sea cierto.* Jamás leo algo que han escrito sobre mí, no me gusta.* No sé lo que es colocar la grabadora frente a alguien, no sé porque no me interesan las declaraciones oficiales ni los discursos.* Al llegar de viaje me interno en mi estudio, sin teléfono, sin contacto con el exterior, así me concentro y empiezo a escribir.* Si no se escribe con pasión, no sirve.* Los periodistas se preocupan más en cómo escribir que en aprender a leer.* (A mi esposa) no le escribo cartas ni la llamo por teléfono cuando estoy trabajando. Hay que viajar solo, aprender un idioma, involucrarse con la gente y no puedes estar pensando en tu familia.También nos contaría una historia que omitió en Ébano:África.Mientras dormía en un campamento en plena selva sintió el aguijón de un escorpión enterrarse en su frente. “No había luz, me toqué la cabeza, me retorcía, pero fue en la mañana siguiente cuando me vi en un pozo: era la cara de otra persona, era tan deforme que no era yo”. Y rió con su sonrisa de niño travieso.Kapu leía lo que pocos, veía lo que pocos y lo guiaba una solidaridad, un amor hacia los pueblos olvidados. Con razón insistía tanto en que para ser un buen reportero hay que ser una buena persona. “Nací en Polesia –hoy Bielorrusia, el 4 de marzo de 1932–, por tanto pertenezco a la estirpe de los desarraigados”, escribió en El Mundo de Hoy, una de sus 21 obras escritas y traducidas en no pocos idiomas (él hablaba al menos siete). Y quizá desde entonces Kapu entendió al mundo. Nació y se formó bueno.Al final del curso nos permitió realizarle una entrevista conjunta. Dos preguntas por colega. Después del turno que había desperdiciado sobre sus pies, le pregunté sobre la muerte, por qué creía que no había muerto si sus compañeros de viaje no salían vivos de la historia:–La suerte –dijo–. Yo también me lo he preguntado muchas veces. En mi vida hay muchas páginas sin explicación racional. He visto caer amigos a mi lado. Esas balas también me tocaban a mí. Creo que la vida me dio mucha suerte.Kapu se despidió de todos en un salón donde tocaban buena salsa. Le aplaudimos como horas antes cuando se dio por terminado el taller. Y se asombró de la andanada, como si fuera un regalo que no esperara. Lo mismo le ocurrió un día antes, en una charla con estudiantes de Caracas. Se sonrojó de tanto elogio.Fue extraño vernos afligidos en la despedida. Un inexplicable virus sentimental nos había contagiado de pronto.Ahora recuerdo cuando se marchó del hotel. Algunos llegábamos de la fiesta nocturna y se preparaba para viajar una vez más por el mundo. Lo esperaban Varsovia y su mujer, una pediatra que nunca lo abandonó.Lo abracé y le agradecí sus enseñanzas. Él sonrió, o al menos eso pareció, porque Kapu siempre parecía estar feliz, aun cuando se enfadara.Entonces volvió a sorprenderme: “Nunca me ha crecido el pie por más que he caminado”, me dijo. Y se fue.



miércoles, enero 24, 2007

Hoy es un día de luto, ayer 23 de Enero de 2007, murio uno de los más grandes reporteros, "El Maestro" Riszard Kapuscinski.

Escritor y periodista que daba lecciones de ética profecional, el autor de grandes obras como "Los cínicos no sirven para esté oficio", "la guerra del futbol" entre otras, marcó la vida de muchos periodistas, ha sido el guia de otros tantos que pretenden ejercer el buen periodismo.

Tomando un fragmento de el último libro "Los cinco sentidos del periodista":
"Cada vez que nos proponemos a escribir acerca de un tema, devemos preguntarnos que tiene de universal: cúal metafora, simbolo o signos que nos permita pasar de lo pequeño a lo grande. Debemos hacer una reflexión porque solo si encontramos este vinculo, este pasaje entre lo local y lo universal, nuestro texto tendra peso y valor. Sólo así el lector descubrira en nuestro texto, junto a la historia concreta, un mensaje universal, una pista que le ayude a descifrar las leyes del mundo.
¿por qué algunos textos pueden vivir cien años y otros textos mueren al día siguente de su publicación? por una diferencia capital:los textos que viven cien años son aquellos donde al autor mostró, a través de un pequeño detalle, la dimensión universal, cuya grandeza dura. Los textos que carecen de este vínculo desaparecen.
Conviene tener presente este requisito de universalidad tambien a la hora de recoger el material, mientras investigamos nuestro tema. Es una cuestion de talento, de intuicion, pero tambien de amplitud de conciencia, de sabiduria. Y, sobre todo, se trata del secreto para que unos textos perduren y otros se pierdan en el olvido".

Hoy consternada, en este espacio quiero compartir una de las estrevistas hechas por el periodico "La Jornada" el 25 de septiembre del año 2002 al maestro, como homenaje.

Entrevista a RYSZARD KAPUSCINSKI, MAESTRO DEL OFICIO PERIODISTICO
''Una mala persona nunca puede ser buen periodista''

LOS MEDIOS ESTAN CADA VEZ MAS EN MANOS DE COMERCIANTES, LAMENTA
Los buenos lectores siempre buscan los buenos periódicos, mientras haya lectores críticos, inteligentes, existirán buenos periodistas, porque unos y otros se buscan. De la prensa de América Latina puede decirse que es la única que no ha perdido la tradición literaria, en calidad muy alta.

por: PABLO ESPINOSA
Sus pies son tan breves que recuerdan las manos diminutas del pianista Claudio Arrau. Clava la mirada: una luz apacible de color azul cielo con tonos lapislázuli. Manos y brazos como aspas y el movimiento continuo ­como un pianista activa bemoles y pedales­ de sus pies pequeños pero que han caminado como pocos por el mundo, articulan el pensamiento en forma de palabras: ''Una mala persona no puede ser nunca un buen periodista", dice.
La sentencia tiene peso y forma porque está expresada por el más grande reportero de la historia contemporánea: Ryszard Kapuscinski, quien a sus 70 años sigue ejerciendo con supremacía un oficio noble: en una libreta breve recoge apuntes sin cesar. Observa, indaga, escrutina, reflexiona. Reportea.

Encuentro en la UNAM
El maestro por excelencia del oficio periodístico está de nueva cuenta en un país que ama, para presentar su más reciente libro, publicado en la colección crónicas de la editorial Anagrama y titulado Los cínicos no sirven para este oficio, con un subtítulo: ''Sobre el buen periodismo".
La presentación ocurrió en el campus Santa Fe de la Universidad Iberoamericana, pero tuvo un encuentro más cercano con la gente, el viernes 27 de septiembre en el auditorio Flores Magón de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Ryszard Kapuscinski concedió una extensa entrevista a La Jornada, de la que presentamos un compendio:
­En su reciente libro aborda usted el proceso ominoso mediante el cual los periódicos y los medios de comunicación en general están cada vez más en manos de comerciantes y de cada vez menos periodistas, ¿qué papel desempeña el lector en este proceso?
­Es un problema muy complejo. Estamos en una situación históricamente nueva. Antes la prensa era hecha por escritores y redactores que se dedicaban a ciertas ideas, exponían ideas, programas, no sólo se proponían informar sino también enseñar, aprender, entender el mundo. Ahora con esta revolución electrónica que tenemos, especialmente en los recientes 10 años, creció enormemente el mundo de los medios, se hizo muy grande, muy amplio y perdió esas características de tener cierta misión informativa, cierta misión de enseñanza y se convirtió en una industria grande de entertainment, de llenar tiempo libre. Eso cambió también el sentido de la profesión periodística. Felizmente no para todos.
''Lo que es caso positivo de todo ese cuadro es que prácticamente en cada país importante tenemos dos o tres periódicos trascendentes, dos o tres radioemisoras buenas, por lo menos un decoroso canal de televisión independiente. Eso significa que hay por lo menos unas pocas personas que efectivamente son periodistas, que realmente se dedican a esta profesión, que se enorgullecen de ella y que tienen cierto sentido de misión frente a la sociedad: quieren decir algo, quieren proponer algo y eso es lo que considero una cosa que vale la pena subrayar, porque hay mucho pesimismo respecto de la situación crítica de los medios y del papel que el lector desempeña en eso.''

Ambición que enorgullece
''A mí me da cierta certeza ­prosigue el autor de Ebano­ de que no todo está mal; la existencia de estos grupos de periodistas ambiciosos en el sentido positivo, que pueden enorgullecerse de lo que están haciendo. Así que en el mundo existe esta buena prensa, al lado de aquella mala. Porque es una prensa que encuentra lectores en número creciente, porque la gente quiere tener contacto con gente inteligente, que busca alguien que pueda decirle realmente algo, y eso es muy positivo.
''Los buenos lectores siempre buscan los buenos periódicos, mientras haya lectores críticos, inteligentes, existirán buenos periodistas, porque unos y otros se buscan. De la de América Latina puede decirse que es la única prensa que no ha perdido la tradición literaria, en calidad muy alta.''
­Usted ha dicho que para observar el estado que guarda el mundo no hay que ver la economía sino la cultura, visto así, ¿hacia dónde vamos hoy?
­Hacia una defensa de la identidad, porque las personas no quieren desaparecer. El proceso de globalización busca borrar a las personas del mapa, pero la resistencia de aquéllas siempre es mayor. Es una lucha que crece en lo emocional y en lo racional. Y el de la identidad es un problema de cultura. Entonces, la importancia de la cultura va a crecer, porque va a crecer cada vez más el problema de la identidad. La gente no quiere uniformarse, quiere, en cambio, enriquecerse con las diferencias. Se opone a la manera como la globalización busca desaparecer las diferencias.

El mundo de las desigualdades
­Las que no desaparecen, en cambio, son las diferencias sociales. Con el triunfo del capitalismo feroz, y ya que el tema de su vida es el de los pobres, ¿tiene más temas periodísticos que nunca?
­Sí, porque cuando uno viaja lo primero que choca es esa creciente discrepancia entre el mundo de los ricos y el de los pobres, y esas desigualdades se aparecen en todos los ámbitos: familias, sociedades, continentes, países desarrollados y subdesarrollados. Vivimos en el mundo de las desigualdades, eso caracteriza al mundo contemporáneo. Hace 50 años, cuando comenzó el proceso de descolonización de Africa y de Asia, las teorías de aquel tiempo afirmaban que la independencia de esos países resultaría en crear igualdad mundial y que la independencia política era la condición única que se necesitaba para eso. Pero hoy la experiencia demuestra lo contrario: el problema creciente de la humanidad consiste en cómo hacer este mundo más igualitario. Es el problema más grave que enfrentamos. Hay mucha utopía alrededor de esto, por ejemplo, pensar que la Internet crearía igualdad, pero eso no es cierto.
''Mire, estuve hace poco en Perú; en un pequeño pueblo de los Andes hice una fotografía de la siguiente situación: bajó de la montaña una vieja india y llevó consigo cinco huevos para vender y se paró en una callecilla pero no vio dónde, era seguramente analfabeta, porque estaba tratando de vender esos cinco huevos afuera de uno de estos Café Internet que hay por todo el mundo. Ese contraste terrible, ese trágico contraste es la respuesta a quienes piensan que mediante la tecnología se pueden resolver problemas de desigualdad social. Son problemas de cultura, de conciencia, de ciencias sociales. En cambio, creo que se gestan las fuerzas que tratan de modificar esta situación de creciente desigualdad.''
­Usted viaja y anota, escudriña, deletrea los signos de cada lugar que pisa pensando en la nota periodística que redactará. ¿Qué nota enviaría en este momento del lugar que visita?
­Me atan muchos sentimientos a México, porque viví aquí cuatro años. Llegué en 1968 y viajé por muchas partes del país y luego de ese tiempo que viví aquí, hasta 1972, he regresado muchas veces. Es uno de los países más queridos para mí y que mejor conozco. México no me resulta un país abstracto. He escrito sobre él muchas veces. En mi Guerra del futbol, en mi Lapidarium. Me siento muy ciudadano de México. Y esta es mi declaración de amor que deseo expresar.
­Usted dibuja la realidad con el método del grano de arena: en los detalles personales de la gente concentra el mundo entero, el bosque completo lo delinea con un árbol, solo, ¿es usted un árbol solo? ¿Asume ese sentido hondo de la soledad del periodista?
­Eso sí, porque en especial un corresponsal de guerra cubre acontecimientos que humanamente son importantes para él, pero no son de su cultura. Cubre sucesos que no son de su identidad. Ese es un sentido de la soledad, otro es que escribe para la gente que no vive esa misma experiencia, sino que tiene una vida normal y esas son noticias como de otro mundo, de un mundo ajeno. Hay un doble sentido de soledad, pero al mismo tiempo está el sentido de que se está haciendo algo que es muy importante, porque es el sentido de la buena prensa, de la prensa ambiciosamente humana.
''Nuestra misión es organizar, enseñar a la opinión pública mundial, porque sin la presencia de esa opinión pública, sin la presión que puede ejercer, sin el sentimiento de justicia que esa opinión puede hacer, los políticos pueden llevar este mundo al infierno. Por eso es tan importante nuestra presencia y nuestra labor.''
­Es obvio que el corresponsal de guerra enfrenta muchas cosas duras, pero, ¿qué hace, por ejemplo, con el horror?
­Es una parte trágica de nuestra profesión. La gente no puede soportarlo. Hay quienes tienen esa experiencia una vez en la vida, porque dijeron a la primera: esto no es para mí. Hay muy pocos que persisten, porque se dan cuenta de que es importante dar ese testimonio. He vivido en muchas ocasiones el horror. Son 30 años en estas pequeñas guerras regionales; muy crueles, con matanzas, torturas. Eso desgraciadamente no falta en el mundo y es muy importante que persista la gente que quiera dar testimonio de esto, porque es la única manera de despertar la conciencia en la opinión pública y el único método de tratar de parar el horror.

Sueños sencillos y buenos
­Despues de todo eso, ¿qué ha aprendido?
­No es una respuesta fácil. Una manera es decir que la respuesta está en mis libros. Otra, que necesitaría escribir otros, muchos libros. Creo que en mi experiencia puedo decir que he aprendido que la gente, por lo general, en el mundo, es buena. Que todas esas fuerzas de venganza, de matanza, las fuerzas del horror, son muy limitadas. Que lo importante es que se puede hacer algo para detener el horror. Que la gente tiene sueños sencillos y buenos. Quiere vivir, que sus hijos vayan a la escuela, tener trabajo digno. Son sueños sencillos y buenos y eso siempre va a dominar en el mundo, y que las cosas malas, como las guerras, son crueles, pero felizmente pasajeras. He aprendido que la gente buena está siempre dispuesta a ganarle la batalla al horror.
­Usted ha escrito: ''Una mala persona no puede ser un buen periodista", el silogismo lógico sería, ¿asume que el periodismo lo ha hecho una mejor persona?
­Lo único que puedo decir es que yo sólo estoy haciendo mi trabajo. Puedo decir también que para ser periodista debe tenerse el sentido de cumplir una misión. Soy periodista porque siento que tengo una misión, de hacer algo bueno por los otros. Usted que hace también esta profesión tiene ese sentimiento compartido de cierta obligación ética.
­Lo ha formulado usted así: para ser periodista es menester un sentido del sacrificio y también del apredizaje perenne. ¿Qué ha sacrificado?
­Se sacrifica todo lo que se llama buena vida, porque es una profesión muy dura. La gente suele preguntar acerca del peligro que corre un corresponsal de guerra. La respuesta es sí, corremos mucho peligro, pero eso no es todo. De lo que no se habla mucho, y es una terrible experiencia, son las condiciones como se viven esas situaciones: no hay comida, hay mucha enfermedad, calor, no hay dónde dormir. Para poder vivir situaciones difíciles hay que tener conciencia que se hace para muy altos fines, tener conciencia de que se tiene una misión: hacer el bien a los demás.
­Ante el panorama de la mayoría de los medios de comunicación en manos de comerciantes, sin embargo, ¿mantiene usted una perspectiva optimista? ¿Puede todavía el lector exigir inteligencia y verdad en lo que se publica hoy en los periódicos?
­No estoy ciego, optimista tampoco, pero creo que es importante ver que junto a ese mundo de medios grandes y poderosos hay todavía periodistas buenos y que los lectores lo saben, porque ambos, buenos periodistas y buenos lectores, se reconocen entre sí, se buscan. La gente sabe cuál es la prensa mala y cuál es honesta, no es tan pasiva como parece. Es enorme la responsabilidad que tenemos los periodistas.

lunes, noviembre 13, 2006

"La sociedad sin alma"
por: Laura Aldonza Mendéz
Dentro del gran espectáculo, "La vida", es imposible evitar mirar todo lo que existe al alrededor.
Caminar por cualquier calle de la mejestuosa ciudad se convierte en una emoción, experiencia, en donde cada personaje, cada situación articula un todo.
Formas, variaciones, clima, otras miradas, cambian paso a paso al igual que las estaciones, sólo falta una cosa, observar todo lo que ahí se encuentra.
Cada individuo, cada ente se convierte en experiencia de vida, en un ejemplo de libertad o sumisión.
Diriges la mirada a cualquier punto y encuentras seres que marcan el rumbo de lo que se conoce como la existencia.
Entre los personajes de la gran obra se encuentra esa mujer en el suelo que implora una moneda, o aquella que camina airada con lindas ropas tratando de mostrar una supremacía, el hombre que se desplaza presuroso al trabajo donde el alma del mundo que conoces como real se ha perdido, hombres grises que avanzan sin rumbo aturdidos por la cotidianeidad.
En contraste no falta el joven que toma café buscando inspiración para entender el mundo y lograr ser entendido, el chico que grita en cada esquina buscando a su entrañable amigo, la mujer dulce y con gran fuerza e inteligencia que opta por el silecio antes de ser devorada por el moustro, el hombre que busca la salida para su felicidad en en el cierro de lo rutinario, la chica que busca modos de expresión, la rebeldia en el hablar y actuar para entender lo que éstos seres buscan dentro de una sociedad.
Esa misma sociedad que señala, juzga, aquella que no logra ver más allá de sus narices, una sociedad moralina que idealiza el cielo sin saber que estan en el infierno.
Etiquetar cuando ésto es imposible, no existe una verdad absoluta, no se puede encontrar un solo significado, la semiotica se equivoca..., la vida está llena de gamas, de contrastes, visiones y variaciones.
¿Acaso no lo ven, no lo huelen, no lo sienten? la respuesta es la que gobierna al mundo y calla los gritos desgarradores que exigen ¡LIBERTAD!

miércoles, agosto 23, 2006

"Cinco dias secuetrada, cinco dias de infierno"
por: Alejandro Almazán
Ana, nombre ficticio empleado para proteger su identidad, fue secuestrada durante cinco días, 120 horas en las que conoció de cerca una estación en la que la vida parece perder todo sentido. Hoy, meses después de que ha visto, frustrada y perpleja, cómo la negligencia, la corrupción y el desdén de las autoridades han permitido que sus plagiarios sigan libres, acepta contar en Larevista la historia de esos momentos de espanto. Este es su relato, verídico, directo, de primera mano.
1.— Tengo enfrente de mí el retrato de Mario Alberto Bayardo Hernández, el hombre que me secuestró durante cinco días.En este instante del 2 de febrero de 2004 vuelvo a mirar el rostro de quien también me violó. Del hombre que forma parte de la infame lista de los diez más buscados en México. Del hombre cuya fotografía ha sido colocada en algunos espectaculares de este Distrito Federal, el hábitat natural de Bayardo, aunque la otra mitad de su vida la divida en Tlaxcala.Es el mismo secuestrador que ha sido llevado tres veces a las prisiones capitalinas, pero extrañamente siempre queda libre y regresa a lideraer la banda que lleva su apellido. Es el sujeto que tiene negocios de lavado de autos y es dueño de microbuses en el área metropolitana, según la PGR. Es el hijo de Alberto Bayardo Rosales, y el padre de Geraldyn Alberto, detenidos por ser los plagiarios de Laura Zapata y Ernestina Sodi.Es El loco. Así lo apodé durante mi cautiverio.Juro que es el que hace 60 días, a principios de diciembre, me apuntó con un revólver y me dijo que lo abrazara como si fuera su novia. Era de noche. Yo estaba a media cuadra de la casa de Marcelo Ebrard, el jefe de la policía capitalina que se jacta de que en su colonia, la Del Valle, no hay secuestros. ¡Ah!Es él. ¿Cómo diablos olvidas al cabrón insano que, al final, prometió buscarme para ver si, de casualidad, me enamoraba de él?Y la foto que miro es reciente. Se la tomaron el 13 de noviembre de 2003, cuando la PGR anunció que había detenido al azote del sur de la ciudad. Sonará insólito, pero veinte días después ya estaba libre... secuestrándome.Es él: su barba de candado que me restregó en el pecho; su clara piel que tanto deseaba que yo observara cuando me violó; sus ojos verdes que te asustan; y su ancho cuello que me obligó a acariciar.Seguramente la playera amarilla que viste en el retrato tamaño infantil huele a suavizante de telas, su irremplazable aroma que aún tengo pegado a la nariz. Y aunque sus gordas manos no se aprecian, quizá traía ese carísimo reloj Audemars Piguet que alcancé a mirar, ya en la parte posterior del auto en el que me trasladaron a una casa de seguridad. Una casa que era el infierno.Es él. El primer y último rostro que miré, porque entonces me colocaron parches sobre los ojos.
Aquella noche del 2 de febrero Ana telefoneó al policía judicial que le asignó la procuraduría capitalina y que ella llama Pejota. Aturdida, le contó lo de la foto de Bayardo. Le dijo que era el mismo que ella había descrito en el retrato hablado.El Pejota le comentó con su desenfado de siempre: “¿A poco todavía no te das por vencida?”Semanas después, cuando un conocido le llamaría para decirle que en ese momento su secuestrador estaba en una plaza de toros, Ana recurriría a las autoridades federales, a la Agencia Federal de Investigación, en particular, que por esos días alardeaba de estar desmembrando bandas de secuestradores. Pero al final, terminaría hundida en la frustración.
2.— Desde antes de salir de aquella venta nocturna del Palacio de Hierro en Santa Fe, le dije a mi prima (que entonces iba a la mitad de un embarazo) que me sentía angustiada. Ella lo atribuiría a que tardamos casi diez minutos en encontrar en el estacionamiento el Clío negro, propiedad de la compañía en la que yo trabajaba.Pero aquella ansiedad no me abandonó. Osciló. Bajó cuando dejé a mi prima en su casa, allá en Polanco, y un vigilante me deseó suerte. Creció cuando estacioné el Clío, justo en la esquina de la calle donde vive Marcelo Ebrad.Bajé con mis bolsas del Palacio de Hierro. Abrí la reja de mi casa. Y miré la hora por última vez: las 10:45.Entonces, atrás de mí se escuchó un ruido tremendo, como si hubiera entrado un ventarrón.
3.—Eran dos tipos. Vestían trajes impecables, con mocasines. Sólo uno se agachaba y se cubría con una gorra que no cuadraba con su ropa.Entonces el del traje gris, el de la barba de candado, el que apodé El Loco, el que ahora sé es Bayardo, sacó un revólver y, educadamente me dijo con su vozarrón que me volteara, que a partir de ese momento debía cerrar los ojos.Dejé de verlo hasta que me arrancó las bolsas, me pidió el celular que me acababa de enviar un amigo de Europa y me colocó sobre los ojos la gorra de su acompañante. Durante los cinco días que duraría mi cautiverio no volvería a ver el rostro de nadie.Me tumbaron en la parte posterior del auto. Reconocí que era el Clío por mis olores. El Loco recargó su codo y brazo sobre mis ojos y se acomodó en el asiento con los pies apoyados en mí. Me dejó en una posición tan incómoda que no podía respirar. Y yo sintiendo que el corazón se me salía.El Loco trató de calmarme: “No te preocupes, tú eres una dama y nosotros unos caballeros, no te va a pasar nada”.Le dije que se llevara todo, pero que me dejara ir, que toda mi riqueza estaba en mi bolso: tarjetas de crédito boletinadas por tantas deudas. “Nosotros no somos pinches raterillos y ya cállate”.Y entonces sentí que algo se cerraba en mi espalda. Muchos pensamientos se desbocaron en mi cabeza: ¿me están confundiendo?, ¿así son los secuestros exprés?, ¿harían conmigo una snuff movie o sólo es una violación?Salí de mis cavilaciones cuando El Loco empezó a acribillarme con preguntas: que si la mujer que había dejado en Polanco era mi hermana, que si no me había fijado que me perseguían desde Santa Fe, que dónde trabajaba, que si el carro era mío, y que qué inconciencia la mía de andar tan tarde en la calle...Para cuando me pasaron a otro auto, un Jetta rojo, supe lo que es que los músculos ya no te obedezcan, que ni siquiera tengas fuerza para lanzar un grito; que tu cuerpo, desde ese momento, ya no te pertenece. Que has perdido la capacidad de oler y escuchar. ¿Ver? Jamás, los parches elaborados con gasa te clausuran los párpados.Eso sí, el aire frío fue la única realidad palpable.Calculo que el traslado a la casa de seguridad habrá durado un par de horas. Casi todo fue en línea recta. Cuando nos estacionamos, El Loco me envolvió y alguien me cargó, pero me resbalé de sus brazos y mi cintura dio directo al filo de la baqueta. Escuché el vozarrón de El Loco reprobándolo y gritándole que tuviera mucho cuidado conmigo, pues me había convertido desde ya en la mujer de sus sueños.Me llevaron a un cuarto, me aventaron en un colchón, me cambiaron los parches de los ojos por unos más grotescos y entonces llegó un hombre que dijo ser médico. Me obligó a desvestirme y, mientras hacía un registro minucioso de cada cicatriz en mi cuerpo, me dijo que sólo buscaba si no traía “un arroz”, un chip localizador. Luego me habrán pasado un escáner, que sonó en mi tobillo y se enojaron. “¡Sí trae arroz, sí trae!” y alguien cortó cartucho. Pero el doctor lo detuvo: se dio cuenta que era un viejo clavo que une mis huesos desde la adolescencia.Cuando terminó la revisión, El Loco me dijo dos cosas:Una: “Estas son la reglas: Si te pones loca, te madreamos. Si tratas de huir, te matamos. Si te quitas los parches, te matamos. Si te portas bien, verás que esto nunca ocurrió”.Y dos: “Ya hablamos con tu papá, mi amor. Que regreses a casa depende de él. Porque, bueno, no te he dicho, pero estás secuestrada”.Entonces me enrosqué en el colchón y tomé la cobija como si fuera un estúpido escudo. Ese fue mi pequeño mundo en cinco días.
El primero de la familia que se enteró del secuestro fue el padre de Ana, un profesor. Eran las tres y cuarto de la mañana cuando sonó el teléfono. El Loco fue breve: le exigió un millón de pesos de rescate y se disculpó de que le estuviera pidiendo dinero y no la mano de su hija.También le dio instrucciones de dónde recoger el Clío negro y le advirtió que se lo devolvía a cambio de que la empresa donde trabaja Ana no levantara denuncia alguna.El profesor se comunicó con algunos jefes de la policía que fueron sus vecinos. Y ellos mismos le recomendaron que no denunciara, que era mejor juntar la mayor plata posible —que no llegaría a más de 50 mil pesos—. Sería hasta el sábado cuando el secuestrador volvería a telefonear.
4.—Chavo, al que fue asignado mi cuidado, me contó por qué la casualidad me condenó al secuestro: iban por otros jóvenes, pero no pudieron alcanzarlos. Y estaban tan frustrados que de pronto apareció el Clío negro con una mujer a bordo. Chavo terminó compartiendo la soledad de mi encierro.
5.— La primera noche fue de insomnio.Te sientes cómo te invade un vacío inconmensurable. Estás en el desamparo total.
6.—Chavo no pasaba de los 18 años. Y se identificó conmigo por una simple razón: él era adicto a la cocaína y yo había trabajado en una clínica de adicciones. Eso me funcionaría durante el cautiverio: gracias a la confianza que le inspiré, se abstuvo de aturdirme con tranquilizantes.Y poco a poco fueron regresando mis sentidos. Agucé el oído lo más que pude para escuchar mi entorno: oía los rugidos de los autos o los rumores de tráilers, y me imaginaba que estaba a orilla de una carretera. Oía los programas de la televisión, y me ayudaba a calcular las horas.Pero también escuché otras cosas.Como una radio de banda que soltaba claves como “R10”, “R30”, o “un 24 en la 12”. Luego me enteraría que son contraseñas de la policía.O como aquellos gritos de adolescentes que duraron toda esa noche y que Chavo me explicó el por qué: “Son dos morritas que traían un Jaguar. Ahorita están gritando porque las están violando. Pero no te angusties, le gustas al jefe y nadie te va a hacer daño. Salvo él, si se pone loco”.Cada vez que fui al baño escuché llantos y los televisores o radios encendidos. Me imaginé los infiernos de cada uno. Chavo me dijo aquella noche que tenían “casa llena” de “visitas”, como nombran a los secuestrados.
7.—A la mañana siguiente, se escucharon helicópteros. Chavo me pegó una pistola en la cabeza y me dijo que, si era la policía, tendría que matarme, pues era mejor que lo condenaran a diez años por homicidio que a 40 por secuestro.Los helicópteros se fueron. Chavo me pidió una disculpa y luego me dejó tocar la cacha de su pistola: ahí tenía grabada la imagen de San Judas Tadeo.
8.—Hablamos Chavo y yo de muchas cosas el día dos de cautiverio:Que él ya tenía tiempo en este negocio. Que ganaba bien. Que compraban las revistas Caras, Quién y los suplementos donde los ricos son fotografiados en toda su altivez, para aprenderse bien los rostros de a quién van a secuestrar, pues ellos sólo raptan a gente adinerada. Que, claro, también son matones. Que las banditas que han surgido son unos improvisados y ponen en riesgo el negocio, y que de ahí que ellos delaten a esos espontáneos con la policía. Que buena parte de los jefes policiacos en el centro del país son sus protectores. Que cuando los detienen deben tener lista una millonada para ofrecérsela al juez. Que ellos sólo plagian a mujeres y a jóvenes, sobre todo en antros como El Alebrije o el Palmas 500...“A los viejos con dinero, los dejan morir sus hijos. Y las esposas, rencorosas, terminan por darnos las gracias”, me explicó.Todavía lo escucho contándome una insalubre historia:“Nos comunicamos con la esposa de un secuestrado y nos dijo que ojalá lo matáramos. La verdad nos dolió decirle al señor y hasta nos pusimos a sus órdenes por si quería que la echáramos bala a la pinche vieja desgraciada. Un compadre de él fue quien pagó el rescate. A la semana siguiente, leímos en el periódico lo de un asesinato de una mujer. Era la esposa. Ese güey la mató. ¿Imagínate al pinche loco que teníamos aquí? Por eso nos vamos con las morritas y los chavos, porque se ponen pedos, nos facilitan las cosas y por ellos sí pagan”.
9.— Otra noche de insomnio y de espanto: otros de la banda, inestables y brutales, empezaron a golpear a un joven; escuché su llanto. En eso entró Chavo muy agitado y me dijo que me pusiera a rezar con él, porque sus compañeros estaban drogados y ya habían matado a un secuestrado.Dejé de rezar después de varias horas cuando escuché a El Loco: “¿Buenos días, mi amor, qué quieres de desayunar?”.El desayuno fue una violación.
10.—El sábado llegó El Loco azotando la puerta y con un rostro enloquecido me dijo: “Tu papá no aguantó la negociación, le dio un infarto. ¿Ya ves? Dios quiere que te quedes conmigo”.
Aquello era mentira. El padre de Ana estaba a esas horas esperando la prueba de vida para entregar el dinero allá por las Pirámides de Teotihuacan.Ana terminó rota. Desconsolada, le pidió a El Loco que por favor la matara. El secuestrador se enfureció y le soltó: “¿Estás enferma, estúpida? Te puedo matar, pero te quiero mucho”.Hasta en la noche, Chavo le dijo a Ana que su padre estaba sano, que lo único que buscaba El Loco era verla humillada.Y aunque el padre de Ana entregó el rescate, después de tantas indicaciones, su hija no llegó a casa.
11.— El domingo me quedé sola. Y al menos cuatro veces entró alguien distinto a mi cuarto, me pidieron que contara hasta diez y luego jalaban el gatillo. Terminaban riéndose.Chavo no llegó hasta que empezó la final de Big Brother y lo maldije. Se disculpó diciéndome que había ido a visitar a su mamá. Le conté que habían jugado a asesinarme.“¿Si te ayudo a escapar me sacas del país?”, me diría luego Chavo, muy nervioso. Al escucharlo, lo único que sentí en ese momento fue que ya estaba decidido: me iban a matar.12.— Cuando Omar Chaparro fue declarado el ganador de Big Brother, apareció El Loco y soltó: “¡Te vas, mi amor!”. Y ordenó a Chavo que me peinara y me limpiara con alcohol. Ahí, Chavo se me acercó al oído y me pidió esto: “Dime que Dios me bendiga, por favor. Dímelo”. Se lo dije.Lo último que escuché de Chavo fue que no me confiara, que todo podía ocurrir.Habré caminado unos 15 pasos, sujetada a las mano de Chavo, cuando sentí el frío y la voz de El Loco: “Vas a abrazarme como si fuera tu novio, ¿eh? No vayas a hacer ninguna pendejada, mi amor”.Me subieron a una camioneta y en todo el trayecto, yo acostada, El Loco me manoseó y me dijo que yo le había traído paz a su vida y que estaba dispuesto a dejar “este trabajo” para casarse conmigo. “Te voy a buscar, mi amor”.
13.—El Loco me ordenó bajar y contar hasta 120 antes de quitarme los parches en los ojos. Que entonces caminara hacia mi lado izquierdo hasta encontrar un módulo de policía, donde pediría un taxi con el billete que me enroscó en la mano. Y me dio un beso el cabrón.No lo creí. Yo tenía en la cabeza la imagen de El Loco dándome el tiro de gracia. Estaba tiritando. Me sentía en un precipicio. Tenía la boca reseca.No escuché cuando la camioneta arrancó. Y ni siquiera podía contar. Pero lo que me trajo a la realidad fue el grito lejano de una señora: “¡Ya apaga la tele, pinche güevón!”.Me arranqué los parches y apenas pude enfocar que estaba en una unidad habitacional. Corrí a buscar el módulo. Y, al llegar, el policía me miró con una expresión de sospecha muy compresible: eran las tres de la mañana, y yo estaba sucia, maloliente y preguntándole dónde carajos estaba. “En Villa Coapa”, me dijo y me ayudó a tomar un taxi en la Calzada de las Bombas.Sólo hasta que entré al taxi me vi al espejo y no era yo: tenía cinta adhesiva por todo el rostro, los ojos estaban morados, no tenía color.El taxista pensaba que me había golpeado mi pareja hasta que se dio cuenta que una camioneta nos seguía. Le tuve que decir que había sido secuestrada y que esos de la camioneta eran los que me habían liberado.
Después de unos kilómetros de paranoia, el taxista dejó a Ana en casa. L a camioneta se estacionaría casi enfrente de ella. Seguramente la vieron cómo Ana saltó al cuello a toda su familia y cómo la abrazó intensa y mudamente.
14.—Empecé a parchar mi vida.Acudí a denunciar ante un ministerio público sin alma. Me hice carísimos análisis del VIH. Me topé con que en mi empresa mi jefa les contó a todos mi tragedia y me trataron con lástima; terminaron por despedirme. Mis amigos se alejaron. A mi padre le cayeron 20 años encima. A mis hermanas los condené a la demencia. Me quedé más pobre de lo acostumbrado.Por fortuna me encontré con el Centro de Apoyo Sociojurídico a Víctimas del Delito Violento, de la procuraduría capitalina. Ahí me ofrecieron terapia sin ningún costo.
15.— Diez días después de que observé el retrato de Bayardo en la televisión y que no obtuve respuesta de mi Pejota, los diarios destacaron una noticia: un empresario había sido secuestrado en la colonia Del Valle, pero logró saltar de la Windstar donde lo trasladaban. La policía intervino y detuvo a los raptores; dos de ellos resultaron heridos.Una de las fotografías que publicaron me cimbró: entre lo decomisado a la banda estaba una pistola cuya cacha tenía a San Judas Tadeo y un celular igual al mío, un modelo que no hay en México.Los tenían en la delegación Gustavo A. Madero y fui para allá. Un comandante escuchó mi historia sin oírme. Le pedí verlos para intentar reconocerlos. Pero me trató con desprecio y me echó.Por la tarde logré contactar al empresario que había librado el secuestro y me dijo que acababa de ir a denunciar. Pero que ya habían sido puestos en libertad “por falta de parte acusadora”.
16.—En internet logré conseguir algunos datos de Bayardo:Una entrevista de López Dóriga con José Espina, presidente del Consejo Ciudadano, donde éste decía que Bayardo era protegido en Tlaxcala por funcionarios de allá.Unas columnas de diarios tlaxcaltecas donde lo ligaban familiarmente con el subprocurador de justicia Edgar Bayardo.Denuncias en contra de magistrados del Primer Tribunal Colegiado del Primer Circuito en Materia Penal, pues ellos liberaron a Bayardo en sus dos primeros arrestos de 1990 y 1999. Se dice que recibieron varios millones de pesos.Le proporcioné esta información a mi Pejota y es hora que no se ha comunicado conmigo.
17.— Un domingo me llamó una amiga y me dijo: “El tal Bayardo está ahorita en la plaza de toros de Tlaxcala”.Telefonee al número de la AFI donde reciben denuncias ciudadanas y me contestó una vieja pendeja:—¿Bayardo? Y ése quién es, señorita.Después de explicarle y darle señas, me dijo: “¿En una plaza de toros. No, señorita, ¿se imagina el gentío? Sígalo y llámenos luego”.
18.— Ahora, frustrada, estoy aquí contándoles la bitácora de mi cautiverio.
Genero Crónica
por: Laura Aldonza Méndez
"La crónica es literatura construida a partir de una realidad", fue lo que expresó Ryzard Kapuscinski en la entrevista realizada por Martín Caparroz.
La crónica es una narracion apegada a la realidad y la literarura es la creación de una historia "ficticia".
Dentro de las entrevistas realizadas al maestro Kapuscinski, siempre menciona que en Latinoamérica sigue existiendo la tradición literaria. El texto "Cinco dias secuetrada, cinco dias de infierno" de Alejandro Almazan es ejemplo de ello, en él maneja una serie de caracteristicas que aunque no traicionan los principios basicos de la crónica sale de estandares: temporalidad, historia y personajes.

La temporalidad en el texto es de manera discontinua, da saltos temporales y dentro de los ciales maneja cuatro tiempos evidentes. El predominante es el presente del lector, le sigue el presente del narrador, para continuiar con el pasado contado desde el presente y el presente que se cuenta desde el pasado.

El texto en general tiene un hilo conductor, que este caso es la histoia de ana durante y despues del secuestro, es importante señalar que no es la unica historia que se maneja, existe la de "Chavo" un adolecente que vive en otro tipo de secuestro, dos adolecentes violadas, y el crimen hacia una esposa que no quiso pagar el rescate del marido, todo esto narrado desde la perspectriva social del hoy, en el ciual hace alucion al programa televicivo Big Brother (otro tipo de cautiverio) y la analogia de la salida de Omar Chaparro como ganador de una gran cantidad de dinero cuando por otro lado ana es liberada.
Los personajes mencionados en esta cronica son los que de alguna manera marcan la pauta del tiempo y las historias entrelazadas, cada uno muestra una parte de realidad que se vive en la ciudad de México día con día.
en conclucion la cronica "Cinco dias secuetrada, cinco dias de infierno" tiene por un lado la versosimilidad de un texto periodistico, denota la investigacion y recopilacion de informacion, porotro lado utiliza de manera soberbia la narracion y la descripcion sin caer en el lenguaje lineal.
"Cinco días secuetrada, cinco dias de infierno" fue el textop en genero de crónica ganador de el premio nacional de periodismo en 2003.
Almazan comulga con la idea de Kapuscinki "nadie puede ser un buen periodista si no es, antes que nada, una buena persona".

DEL PERIODISMO A LA LITERARTURA
El peridiodismo mexicano ha tenido grandes transformaciones en el último siglo, en los años 50s La vieja guardia era conformada por escritores que lograban la trasformacion de textos periodisticos en literatura sin perder su escencia, informar, pero principalmente, enseñar.
La tradicion literaria en america latina no se ha perdido del todo, los buenos lectores siempre buscan a buenos periodistas, escritos que logren tracender atraves del tiempo y se mantengan vigentes dentro deuna sociedad.
Los textos periodisticos normalmente estan hechos para informar en el momento, las notas periodisticas hoy sirven, mañana no, hoy por hoy dentro de la prensa escrita la nota informativa esta siendo defasada por el reportaje, pues los medios electronicos se encargan de informar en el instante.
Hoy los grandes medios de comunicación ven el oficio del perdiodista como un negocio.
Ahora el periodista en ves de uscar la verdad buscan la historia sensacional aquella que venda.
A a mediados del siglo XIX con la creacion de agencias noticiosas comenzó la época donde el desarrollo economico para mercados diplomaticos, finacieros y comercial se daba a través de estas agencias, por medio de la informacion se obtenia el poder de controlar a los mercados reseptores de esta.

miércoles, abril 19, 2006

En este enorme universo
donde las palabras fluyen
y conquistan mundos
donde un sueño
se torna realidad,
donde sólo lo que se plasma existe
y lo que se confronta perdura,
se puede robar un corazón
tu corazon,
de la misma manera que me robaste el alma.
Nada me falta
el valor es mi aliado
el tiempo mi vasayo
y tu amor el fin que me atrapa.


Si sobrevives
si persistes
canta sueña, enborrachate.
Es tiempo de frio.
ama, apresurate.
El viento de las horas
barre las calles, los caminos.
los arboles esperan:
Tu no esperes,
éste es el tiempo de vivir...
el único